Dioses II – Olivier y Lucas 1

    Unos ojos oscuros e inocentes, miraban recelosos a lo largo y ancho de la avenida. La noche estaba en pleno apogeo y los transeúntes de la ciudad eran escasos. El hombre avanzó sigiloso como la muerte. Sin ser detectado por ninguno de los borrachos, prostitutas y juerguistas que se cruzaron en su camino. Sabía lo que buscaba y no tardó en encontrarlo. Un olor penetrante recorrió su cuerpo, entró por la nariz, llegó al cerebro y le bajó hasta los testículos. Él estaba cerca… Su sangre latía fuerte y el ritmo del corazón lo acercaba a su destino. Era increíble la capacidad de atracción que aquél humano ejercía sobre un vampiro. Los pasos de Olivier, se aceleraron. La sangre ingerida recorría, tibia y caliente su muerta figura. Acababa de alimentarse y su hambre saciada lo animaba a complacer otros apetitos más lascivos…

    Lucas se encontraba en un cruce de caminos, tanto literal como figuradamente. Esa noche había discutido con sus amigos porque sentía algo dentro, un estremecimiento de sus células, si es que aquello pudiese llegar a darse. Sus nervios estaban a flor de piel y su instinto no hacía más que jugarle malas pasadas. Las sombras se movían a su alrededor y a él le parecían vivas. Según su madre, aquello debía ser lo que se sentía al tener una premonición… Pero no le avisó del dolor que ello conllevaba.

    Olivier y Lucas chocaron frontalmente al doblar la esquina, la emoción los embargaba a ambos. El vampiro no quiso apartarse y el humano no podía percatarse antes de su presencia.

-“Olivier”- Exclamó Lucas sin resuello. Con el corazón en un puño se agarró a su amigo para no caerse.

-“Deberías tener más cuidado al caminar y mirar por dónde vas”- Respondió el otro mientras le cogía por los riñones y lo incorporaba.

    La sonrisa de Oli se agrandó en su rostro terso y delicado. Una sonrisa que indicaba un placer exagerado y un deleite en aquella circunstancia. Lucas ya estaba acostumbrado, se conocían desde hacía un año y siempre estaba igual, le encantaba hacerle quedar como un patoso. El humano sospechaba la razón de aquello. Había estado en demasiadas reuniones de vampiros para no fijarse en los sutiles cambios de comportamiento cuando él estaba cerca. Oli sentía algo tan fuerte como él, aunque fuese de otra manera. Por ese motivo no corrió a deslizarse del fuerte brazo, sino que se quedó relajado dejando a Oli hacer el esfuerzo y disfrutando de aquello a su manera. Ya que había querido chocar, que por lo menos lo resolviese.

    Ese planteamiento prendió una risa hilarante y divertida en la garganta de Lucas, como si los dos compartiesen una broma privada que ni ellos mismos conocían de verdad. Sus ojos se cruzaron y las miradas se fijaron, la complicidad surgía tan natural entre ellos…

-“¿Qué te trae por mi camino, vampiro?”-

-“Diversión, emoción y una agradable noche de pasión, mi querido aperitivo”-

-“¿Y qué te hace pensar que voy a aceptar?”-

-“Tú corazón”-

    Las manos de Olivier rodearon el cuerpo de Lucas y lo atrajeron con fuerza. El beso fue profundo, largo y emocional. La antesala de la noche descrita por el vampiro.

    Un fuerte golpe los dejó sin sentido, la oscuridad de la inconsciencia se abatió sobre ellos y lo último que Lucas escuchó fue un grito gutural en el lugar donde debería estar Oli.

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