Animales Domésticos II

    El viaje de vuelta a casa fue muy lento para mi gusto, estaba emocionado y Gea iba en una caja de cartón, saltando como una desaforada para intentar ver a dónde la llevaban. Mi amiga iba con ella, mientras yo cargaba con la jaula y con todos sus complementos. Tengo que reconocer que el peso no era lo malo, sino el volumen. Yo soy grande, pero no me abarcaban los brazos, lo que para los viandantes fue motivo de risas. Acabé cargando con ello como un saco de patatas y parecía un chulito venido a menos con una sudoración excesiva y un poco patético…

    El momento glorioso fue cuando T, la amiga ésta de la que os hablo, me dice: Seguir leyendo