Animales Domésticos II

    El viaje de vuelta a casa fue muy lento para mi gusto, estaba emocionado y Gea iba en una caja de cartón, saltando como una desaforada para intentar ver a dónde la llevaban. Mi amiga iba con ella, mientras yo cargaba con la jaula y con todos sus complementos. Tengo que reconocer que el peso no era lo malo, sino el volumen. Yo soy grande, pero no me abarcaban los brazos, lo que para los viandantes fue motivo de risas. Acabé cargando con ello como un saco de patatas y parecía un chulito venido a menos con una sudoración excesiva y un poco patético…

    El momento glorioso fue cuando T, la amiga ésta de la que os hablo, me dice:

-“¡Dios, por fin! Parece que ya se ha tranquilizado un poco tu hurona, por lo menos se está quieta.”-

    Todo el rato que yo estaba intentando colocar la caja, ella hacía malabarismos con otra que parecía tener vida propia. Por supuesto, ni siquiera fui consciente hasta más tarde, justo después de oír:

-“¡Mierda, joder! V deja eso un momento y ayúdame. Noto un poco de calor en la tripa… ¡No me digas que se ha meado!”-

    Creo que en ese momento le vi la cara más rara que he visto en mi vida, una mezcla de asco y sumisión… Como si estuviese asumiendo que se le había meado encima. Corrí en dejar lo que llevaba y me asomé a ver dentro, las solapas estaban bien cerradas y me llevó un tiempo. El olor que ascendió al abrir, fue peor de lo esperado… ¡Había sorpresa!… Mi cara lo dijo todo. T se puso muy cabreada y tuve que coger el cartón donde iba Gea antes de que acabase en el suelo.

-“¡No me lo puedo creer! ¡Es una guarra! y seguro que ha atravesado la caja. V mirame si llevo manchada la camiseta”-

    Entre un ataque de risa contenido, la pestilencia que salía de la caja y la cara de mi amiga, conseguí esbozar un…

-“No, estás limpia”- Mi cara estaba totalmente roja de intentar contenerme.

-“NO, Si… Ríete a gusto, si puedes, pero ahora llevo yo la jaula y tú a la cagona esa, pues no se le ocurre hacérselo ahora, ya podía haber esperado un poco, ¿no?”-

-“Sí, pero parece que tanto salto le ha soltado la tripa, jajajajajajajajaja.”-

    Fueron cinco minutos de hablar con Gea en mitad de la calle, cosa que parecía sentarle muy bien ya que no paraba de mirarme a mí y luego a lo que tenía yo encima e iba de lo más tranquila. Hasta que escuchamos un ¡catacrash! Me puse a mirar a todos lados y descubrí que habíamos perdido a T por el camino. Me di la vuelta y la vi intentando recoger la enorme caja de la jaula. Tengo que decir que T tenía muchas virtudes, pero la altura no era una de ellas.

-“Creo que prefiero llevar a la hurona cagona”- Dijo T con cara de disgusto.

-“A sus ordenes mi generalilla”- Contesté yo con la sonrisa más grande que podía tener mi cara.

-“El pitorreo sobra”- Dijo el ceño fruncido de la señora.

    Acto seguido, intercambiamos papeles, lo que supuso volver a ser patético y que ella, con los brazos completamente estirados, recorriese las calles persiguiendo e intentando sujetar una caja danzarina.

-“¿Te importaría disfrutar menos de verme hacer el ridículo?”- Espetó T

-“Es que me parece un buen trato, ya que tú mandas y decides lo que cada uno lleva… Gea te tiene totalmente controlada”-

    Mi ataque de risa duró hasta que llegamos a casa, fue tan divertido e intenso que al final, T se rindió a la evidencia y también acabó divirtiéndose.

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