Animales Domésticos III

    La llegada a casa fue triunfal… Me encontré a mi madre con dos de sus hermanas. Se me cayó la jaula y a T la caja. La pobre Gea, rebotó dentro y se le oyó hacer un ruidito, algo como una protesta del tipo…”¡Qué pasa por ahí fuera! Me quiero enterar”. Después de saludarnos todos y mi familia protestar por aquello del nuevo inquilino… Mi señora madre va y me dice que los tiene miedo. Yo todavía no salgo de mi estupor, de eso hace cuatro años y hasta ese momento, según ella, adoraba a los animales. Está claro que sólo si eran suyos.

    Nos metimos en mi habitación y comencé por montar la jaula a la niña. T decidió quitarme esa tarea para que yo sacase a mi rubia, y comenzase a familiarizarme con ella. Gea por su parte, me olisqueó entero y decidió que la habitación era mucho más interesante. Enseguida descubrió escondrijos, tesoros e hizo un par de madrigueras. Reconozco que me lo pasé pipa observándola. Poco después T se fue para dejarnos intimidad y gracias a ello, entre muchos otros factores, disfrutamos de una tarde muy divertida.

    Yo descubrí que los hurones son muy divertidos, juguetones y que les gusta mucho mandar. ¿O será cosa de ser mujer? Ja, ja, ja, ja, ja. Ya os contaré como descubrí que lo del sexo da igual y es cosa de la especie animal…. El caso es que ella aprendió que si me mordía, yo también la mordía… Ella me enseñó que si quieres hacerte su amigo, tu territorio ahora es suyo. Pasamos unas semanas muy entretenidos averiguando los puntos débiles y fuertes del contrario, Gea descubrió que se puede confiar en mí siempre que te portes bien y yo que es mejor dejarle un poco a su aire y ella sola viene.

    Uno de los momentos más divertidos que recuerdo es cuando se coló, porque son muy curiosos, en la caja de cartón donde llegó a casa, que me duró una semana para que se aclimatase. El problema vino que estaba de pié y por más que saltaba no podía salir. Al principio intenté ayudar y se enfadó conmigo y me marcó con los dientes.

-“Muy bien, te dejo sola”-

    En eso estaba la pobre y yo mirando cuando escuché un quejido. Me asomé y estaba tumbada, respirando fuerte y muy cansada. Así que cogí una de las alas del cartón y la bajé. Ella trepó y me miró con cara muy expresiva: “Ya lo podías haber hecho antes, ¿no?” Acto seguido se precipitó de cabeza a la papelera que tenía justo al lado. Me entró un ataque de risa que casi no me lo perdona. Tuve que mimar mucho, besar mucho y disculparme mucho, pero con todo ese chantaje ella consiguió lo que se propuso; me “enamoré” de mi hurona y ella de mí.

2 comentarios en “Animales Domésticos III

  1. Te gustan los animalitos… Eso dice mucho de tí. Además de inteligente y con buen gusto… Sensible.
    Con tu permiso, seguiré mandando mensajes con mis fantasías ya que mi chico, no me permite realidades. Es muy celoso pero responde muy bien.
    Gracias.

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