Año Nuevo

    El pelo de la nuca se le encrespaba con el viento. Acababa de salir de la peluquería y lo habían esquilado como si fuera una oveja. El frío hacía meya en sus orejas y el cuero cabelludo, antes tan calentito, ahora parecía que temblaba a cada paso.

    Un sonido muy conocido llegó a su cerebro atravesando el enorme glaciar en que se estaba convirtiendo su cuerpo. El móvil vibraba al ritmo de la música, o eso fue lo que pensó nuestro protagonista. Después de sacar la mano del guante, cogió el aparato y descolgó con la misma habilidad que si lo hubiese hecho un millón de veces seguidas.

-“¿Diga?”-

-“Hola, amor. ¿Te pillo en buen momento?”- Una voz grave y varonil entró en el consciente.

-“Sí, macizo, ¿pero no se suponía que estabas en Australia?”-

-“Me marcho pasado mañana. Eres un despistado…”-

-“Bueno, ya sabes que tú voz me puede, si hay veces que me lo tienes que repetir varias veces para que me entere…”-

    Una carcajada fue la respuesta que obtuvo el pelado. Aunque su situación mejoró bastante al enterarse de la supuesta soledad de su amante y el deseo de verlo antes de marcharse una semana fuera del país.

    No tardó en coger un medio de transporte público para acercarse a casa de la voz. Un trayecto de veinte minutos se convirtió en un suplicio. El recibimiento fue lo mejor de la espera.

    Su amante lo esperaba con la puerta abierta, lo sorprendió por detrás y mientras le besaba en el cuello susurrándole el saludo de rigor, se las apañó para dejarle desnudo de manera muy rápida y poco violenta, algo sorprendente cuando su miembro no paraba de saltar y rozar la espalda de su “víctima”.

    Los abrazos dejaron paso a los besos éstos a las caricias y luego se fusionaron todos en uno sólo. La voz acarició la cabeza de su amante y al percatarse que le caían pelos decidió llevarlo a la ducha.

    Lo lavó como si fuese él mismo y consiguió que le lavasen como si de un Dios se tratase. Las toallas se mezclaron, los aromas se fusionaron y una boca juguetona encontró el polo que estaba buscando comer.

    El deseo se adueñó de sus mentes y de los corazones.

    La mejor manera de festejar el año nuevo…

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