Druidas II – Eusebio 5

-“Tío debemos ver tú nueva casa, estoy impaciente por saber cómo han quedado las cosas por dentro.”- Comentó Eu como si tal cosa.

    Sebastián echó a correr en dirección a la entrada y volvía a estar cerrada, el porche se encontraba allí pero la puerta no. Empezó a pensar cómo era posible que las raíces fuesen tan planas en aquella zona y lo molesto que sería sentarse en un brote verde del banco, cuando su mano se aposentó en el tronco vivo del árbol que era su casa.

    Un escalofrío lo recorrió de arriba abajo, abrió los ojos y un mundo de color apareció en su mente. Podía verlo todo con otra mirada, los brotes del banco cayeron lánguidamente y resurgieron en el techado del porche con toda su vitalidad. Las ramas que lo cubrían tenían hojas y estaban vivas, pero la gran explosión verde se hallaba mucho más arriba.

    Sebas tuvo claro que tenía una casa inteligente. Una miríada de colores cayó en cascada sobre su cabeza, como si el nogal estuviese riendo. Le pidió permiso para entrar y la puerta se abrió tranquilamente. La casa estaba intacta, solamente que ahora era de madera viva y había asimilado los muebles, no así con los objetos, cosa que llamó la atención de los dos.

-Cuando hayáis terminado estaremos en la cocina esperando-

    La voz de Niri reverberó por toda la casa y sorprendió a los druidas mirando la nueva bañera, que ahora se había convertido en un hueco de cerámica en el suelo.

-“¡Chaval, aquí como para hacer obras!”- Dijo Eu con una palmadita en la espalada de Sebas.

    Cuando llegaron a la cocina estaban las cuatro ninfas preparando la comida.

‘¡Querido esa cara desencajada ya parece la tuya! Deberías cambiar el rictus y empezar a sonreír de verdad, así como cuando estabas hablando con el nogal’

    Eu hizo las presentaciones y se sentó a esperar la comida en la mesa. Crisor se hallaba allí mismo olisqueando el aire y yendo de un lado para otro moviendo el rabo.

-“Tengo la sensación de haber comido más en estos días que en toda mi vida.”- Comentó Sebas ya cansado.

[Pues deberás acostumbrarte, porque ser un druida y hacer lo que vosotros hacéis gasta mucha energía] Sentenció Prul.

-Habíamos pensado que deberíais saber el significado de la luz y el motivo por el que ahora vivís en sendos árboles.-

    Eu se descompuso por segundos. Tiró la silla al suelo y se asomó a la ventana. Justo en la dirección de su casa se hallaba un pino gigante.

[Lo único que no ha cambiado de tú casa es el suelo de piedra, los hago para que duren]

    Elia guió al viejo druida hasta la silla que estaba en el suelo, con un simple gesto la levantó y le sentó en ella.

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