Lapislázuli

    Toda la fuerza de voluntad que había estado dejando que se marchase acudió a mí de forma tranquila pero constante.

    Todas las conexiones con las piedras se deshicieron poco a poco y mi consciencia se concentró en acumular conocimiento.

    Una roca azul cayó sobre mi abdomen como un meteorito en la luna, sin embargo no dejó cráter en mí ser astral.

    La mano izquierda la agarró y acercó al plexo solar. Un tirón gravitatorio, o lo más parecido a eso que se pueda dar en un lugar donde este fenómeno no existe, la atrajo hacia el corazón.

    La canción del ónice se incrementó formando un ritmo básico, mientras que el lapislázuli comenzaba a cantar en una vibración de onda muy distinta.

    Mi consciencia se expandió y me hallé en un vacío negro y sin sustancia.

    El espacio entre las estrellas y la materia era frío, eso dicen, pero mi ser no podía sentir nada y lo agradecía enormemente.

    La canción no la puedo reproducir o violaría el acuerdo, pero me hicieron partícipe del comienzo de la materia blanca.

    Mi consciencia se estaba expandiendo tanto que llegué a tener un mareo y un vértigo tal que decidieron apretarme las tuercas.

    Las piedras son muy buenas guías, hasta que deciden ponerse serias y te obligan a ser consecuente cuando ellas creen que deben. El lapislázuli es el peor para estas cosas, tiene mucha personalidad propia y siempre elige el momento.

    Por mi “vista” mental, pasaban planetas y satélites, que dejaban paso a estrellas, que se apartaban para ser galaxias y formar universos…

    Los que dejaban paso a formaciones de inmenso tamaño con un planeta y varios satélites, cargas eléctricas gigantes me amenazaban desde cielos irreales…

    Sin previo aviso seguí creciendo hasta encontrarme en el mismo sitio del que había partido.

    Mi sorpresa era monumental, había notado mi consciencia expandiéndose por las galaxias, haciéndome enorme…

    Siendo tan grande como un inmenso infinito y terminar en el punto de partida.

    La creación es un enorme círculo que lo envuelve todo.

    Cuanto más grande eres, más consciente de lo infinitesimal te vuelves y de esa manera todo está unido.

    Volviendo a la raíz para sentir tú lugar en el orden del caos.

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