Druidas II – Eusebio 8

    Los druidas sentaron al mago herido con la espalda apoyada en el tronco de un árbol cercano y que se hallaba fuera de los límites del escudo.

    Eu se marchó corriendo al huerto y volvió rápidamente. Chasqueó los dedos sobre el suelo y al apoyar la mano, un círculo de piedras apareció alrededor. Colocó un trípode dentro, de él colgaba un gancho que a su vez sujetaba una marmita, rezó algo en voz baja y una chispa prendió entre las piedras.

    Sebastián estaba perplejo, nunca había visto construir una fogata de una manera tan rápida.

    Otro rezo por parte del druida y la marmita estaba llena de agua, comenzó a echar plantas dentro y seguía mascullando entre dientes. Cuando paró y miró al muchacho, los ojos de Eu eran blancos como la leche, no existía rastro del iris ni de la pupila. Seguir leyendo