Sodalita

    Con tanta información en mi cerebro, un rato de calma se impuso en mi cuerpo astral.

    Como ya era habitual el rastro de una luz me hizo seguir su descenso hasta mis ojos, allí estaba una sodalita en pleno apogeo, girando y perdiendo su luz poco a poco.

    La calma me inundó y los pensamientos fluyeron como un río suave, estaba claro que era el momento de empezar a actuar. Las cosas iban a cambiar.

    Mientras observaba la piedra azul, el berilo seguía tosco en mi mano izquierda. La esfera de ónice seguía cantando, intensificando su ritmo al compás de la sodalita.

    Un plan de ejecución se iba formando en mí mente.

    Lo primero era dividir el problema en pequeños fragmentos fácilmente pulverizables.

    El escudo debía formar parte del nuevo hechizo para poder defenderme de cualquier ataque. ¡Podía hacer dos cosas en una!

    Según las brujas, en el mundo esotérico, las velas negras son para la magia de ese color, pero se olvidan de otro significado… Son el protector más eficaz si las utilizas para la magia blanca, igual que las velas blancas si las usas para hacer el mal, resultan las más poderosas.

    Al estar rodeado de mujeres, debía utilizar un idioma que ellas comprendiesen y los cirios son su especialidad.

    Despacio pero sobre seguro comencé a perfilar mi plan, para cuando quise terminar la sodalita se hallaba en mi frente ocupando el puesto de la amazonita.

    Ahora solo quedaba que me hiciese ver todos y cada uno de los micro fallos de mi planteamiento.

    El dolor de verme destruido de nuevo cada pocos segundos de una forma diferente hizo algo conmigo que no había hecho todo lo anterior… ¡Cabrearme!

    Pasaron muchos días y muchas cosas, tanto como un año de vida normal.

    En ese tiempo yo había lanzado mis doce velas negras al universo sin que el resto de seres que me manejaban supiesen realmente para lo que servían.

    El resultado final de aquella operación lo tuve cuando una mañana abrí los ojos y estaba fusionado a mi cuerpo.

    No duró mucho, fue un mero instante, pero lo suficiente como para conocer el resultado final del plan.

    La sodalita se retiró de mi frente y se incorporó al cielo de obsidiana por si la volvía a necesitar en algún momento.

    Una luz ambarina brillante que salía de mi mano izquierda me sobresaltó… El berilo ya no era tosco, se había pulido con mi plan y ahora tenía el aspecto de una gema, preparada para ser engarzada y lucirse como una gran joya.

2 comentarios en “Sodalita

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