Dioses V – Facundo E Isadora 6

    La mano de Facundo resaltaba al tener un agujero en su centro. La capacidad de curación del vampiro no estaba funcionando y se notaba en los bordes cerrados del boquete.

-“¡Es cierto, sois los Tangenciales!”- El escriba estaba anonadado. –“Pero se supone que sois tres.”-

-“Y esos somos”- Las alas de Laudiel sonaron en el centro de la sala.

    Lucas se hallaba sentado en las escaleras al trono jugando con la piedra de obsidiana en las manos y una sonrisa en los labios.

    Olivier, de pie en la sala acercándose a su pareja, tenía la boca abierta.

    Laudiel se hallaba en el centro de la misma, con las alas plegadas a la espalda y una mirada juguetona en todo el rostro.

-“Bueno, parece que el bloqueo ya no está.”- Dijo en voz alta Lucas.

-“Sólo nos queda dejar clara nuestra posición y la de esta especie en concreto.”-

-“¿Qué posición?”- Dijo Alba con esa voz que la caracterizaba.

-“Si vais a participar en el cambio del planeta u os vais a extinguir.”- Respondió Laudiel.

-“¿Y eso depende sólo de si os damos a Isadora?”- Preguntó Íñigo, monarca de la nación oscura.

-“No, eso es un hecho, la extinción es sólo una opción.”- Dijo Oli animándose.

-“Muy bien, traed al alimento.”- Espetó Alba.

    Una de las copias de Isadora se acercó al centro de la sala, allí donde se encontraba el antiguo ángel, ahora transformado en un tangencial.

    Los tres se unieron y pusieron sus manos en los hombros de la chica. Sin previo aviso una estatua de piedra amatista se hallaba en el lugar de la muchacha. El puño de Olivier se estrelló contra ella y el polvo morado inundó su entorno.

-“Queremos a la original, no a una copia.”- La voz de Oli era más grave y ronca.

    Cinco vampiros se abalanzaron contra ellos después de una señal de Íñigo. Las garras preparadas y las espadas desenvainadas.

    Oli se movió tan deprisa que ninguno lo pudo detener, las cinco cabezas chocaron contra las escaleras de los reyes, bajando a trompicones hasta estallar en llamas.

    Lucas se deslizó por el lateral y petrificó a todos los clones del salón. Su destreza y rapidez hacían estragos, Olivier siguió matando a los guerreros que se interponían entre los clones y su amado.

    Laudiel se elevó y de sus manos salieron disparadas unas puntas de madera, cada una de ellas hacia uno de los condes, duques y demás nobles sentados en sus sillones.

    En cuestión de diez minutos sólo los tres, la familia de Oli y los gobernantes se hallaban con “vida”.

-“¿Ésta es su decisión? ¿Para todo su pueblo?”- Preguntó Lau.

-“¡NO!”- Gritó Alba horrorizada por los restos de sus consejeros.

-“Bien, muy sabio ese requiebro.”- Contestó Lucas.

    Alba estaba arrodillada en el suelo de su trono, lágrimas sangrantes resbalaban por sus mejillas y las manos le temblaban de manera ostensible.

    Íñigo se hallaba traumatizado y agarrado a los reposabrazos. Su mirada fija en las alas de Laudiel, Facundo les había avisado de la inminente transición, unos signos destacaban por encima de otros, pero el mundo espiritual estaba revolucionado.

    Los tangenciales se iban a encarnar, claro síntoma de un gran cambio inevitable.

    Allí estaban los tres: El Fortuito, El Voluntario y el Trascendente.

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