Brujos I – Abel 5

    Los dos se fundieron en un largo beso. Abel estaba muy excitado, su pene erecto amenazaba con romper los pantalones. Durias lo vio venir y comprendió lo que ocurría.

-“Mejor será liberarle de su atadura.”- Rió Durias mientras le bajaba los pantalones.

    Un miembro blanco y duro resplandecía frente a las llamas de la chimenea. Abel comenzó a palpar al brujo, como con miedo de hacerle daño. Durias se relajó y se bajó los pantalones.

    La temperatura comenzó a subir muy deprisa. En un santiamén, el brujo tenía la cabeza a la altura de la entrepierna del chico y le exploró con la boca. Abel se estremeció y con un gemido entrecortado expulsó una parte de sí mismo. Seguir leyendo