Brujos I – Abel 5

    Los dos se fundieron en un largo beso. Abel estaba muy excitado, su pene erecto amenazaba con romper los pantalones. Durias lo vio venir y comprendió lo que ocurría.

-“Mejor será liberarle de su atadura.”- Rió Durias mientras le bajaba los pantalones.

    Un miembro blanco y duro resplandecía frente a las llamas de la chimenea. Abel comenzó a palpar al brujo, como con miedo de hacerle daño. Durias se relajó y se bajó los pantalones.

    La temperatura comenzó a subir muy deprisa. En un santiamén, el brujo tenía la cabeza a la altura de la entrepierna del chico y le exploró con la boca. Abel se estremeció y con un gemido entrecortado expulsó una parte de sí mismo.

    Aquella noche se la pasaron haciendo el amor. Durias deleitando al muchacho con los placeres de la carne y éste siendo un estudiante muy aplicado.

   Los cuerpos ardían sin necesidad de hoguera, Abel ya había superado su incertidumbre inicial y se hallaba totalmente entregado a la pasión que desataba en su interior aquél hombre.

    Uno que conocía y sabía de las necesidades que tiene el cuerpo de un joven por demostrar sus capacidades amatorias, su pasión, su vigor y la resistencia.

    El placer más intenso lo proveía el alumno ya desatado, pero Durias se hallaba mirando al universo de forma relajada, dejando que los sentimientos del muchacho lo inundasen y así aprender las carencias, las virtudes y los defectos de su joven amante.

    Pasaron doce horas haciéndolo como sólo Abel, el principiante, sabía hacerlo y otras veinticuatro disfrutando del placer de placeres, la madurez de los sentimientos y la práctica totalidad de sus cuerpos.

    Los dos se quedaron abrazados mientras sus líquidos se enfriaban en el ambiente. Una sencilla relajación los llevó al sopor y de éste al sueño profundo.

-“¿Esto es todo lo que estabas haciendo con él?”- La voz de Olivier resonaba en la cabeza de Laudiel.

-“Creo que no entiendes lo que significa, compañero.”-

-“Explícanoslo, por favor, porque yo tampoco lo entiendo…”- Respondió Lucas de inmediato.

-“Os presento a los dos primeros inmortales.”- La sonrisa de Laudiel inundó las mentes de los otros dos.

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