Druidas III – Miguel 5

    Miguel y Crisor habían hecho un descubrimiento acuciante, si el druida se concentraba en los árboles, podía escucharlos hablar. Algo que ningún otro de su especie podía oír.

    Una llamada mental los sorprendió a ambos totalmente relajados y concentrados en el salón del licántropo. Debían acercarse al centro del bosque.

    Eu había estado trabajando dos días para despejar un claro en el sitio donde sabía que estaba el punto central de las energías de ese nuevo centro de poder.

    Para Miguel fue muy sencillo llegar allí, para Sebas supuso un arduo esfuerzo, no podía ver las líneas de poder y su dirección, así que decidió pedir ayuda a los animales.

    Una vez allí se encontraron con una reunión un tanto dispar, las cuatro ninfas, que a Sebas le había quedado claro eran las representantes de sus respectivas hermanas, una inmensidad de Gnomos, incluido Gumir, y un nuevo druida a quien no conocía.

    Justo en el centro del claro había una estrella de cinco puntas dirigida al norte y formada por una capa fina de césped. En su centro se hallaba una gran mesa de piedra maciza, sobre la misma había un cuchillo, una capa, un libro, una maceta y un huevo.

    Sebas fue el primero en pisar el pentáculo sin querer, justo en una de sus puntas inferiores.

    Una luz naranja brotó del suelo y lo rodeó sin dejar que se moviese. Eu se situó en la punta más cercana y la luz se prendió verde, Miguel lo hizo con la que tenía en frente y brotó un rayo dorado.

    El nuevo de ellos se situó en la punta del norte y su luz fue roja como la sangre, el cuchillo que había sobre la mesa voló y se clavó directo en su corazón.

    Las luces se apagaron y los otros tres salieron disparados hacia él.

-“¿Qué narices ha sido todo esto?”- Preguntó Eu.

-“Ni idea, pero creo que deberíamos hacer algo, ¿no?”- contestó Sebas.

-“Ya, pero el qué.”- Intervino Miguel.

    Las cuatro ninfas se movieron al unísono, dejaron en las manos de Sebas el huevo, en las de Eu la maceta y para Miguel la capa.

(Coged el cuerpo y subidlo a la mesa, los druidas guerreros deben resucitar para que funcione su poder). Niri miraba de reojo a Sebas mientras hablaba.

‘Ahora Miguel ponte la capa y desea salvar a tu nuevo compañero, por favor.’ Dijo Elia.

    Del interior de un bolsillo de la capa brotó un saquito, en su interior una mezcla de olores pilló a todos por sorpresa al abrirlo. No fueron algo agradables, más bien parecían cosas podridas, pero se aguantaron como pudieron y siguieron adelante.

[Haz el favor de echarlo en la herida tras retirar el cuchillo] Fam daba órdenes y miraba fijamente la mesa.

    Hicieron lo que se les pidió y volvió a brotar la luz del cuerpo del muchacho. El rojo era intenso mientras observaban cómo se cerraba el cuerpo y el corazón volvía a latir.

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