El Shogun I – Takeshi Miyosi 5

    Introduje una vez más el pene de madera en el ano de Amane, sus caderas ya no se movían y su mirada estaba perdida en el vacío.

    Le di permiso a Fumimaro para traer de vuelta a nuestro impetuoso y osado samurai, no se le permitiría evadirse del dolor.

    En la posición que estaba, colgado hacía arriba con las piernas abiertas, los brazos separados y el ano lleno, cualquier leve movimiento hacía que las cuerdas de seda rozasen y frotasen el pene y los huevos.

    Fumimaro recogió sus pertrechos, era un especialista manejando el látigo, las varas y cualquier otro instrumento que se pudiese utilizar como tal.

    Un pequeño grupo de retamas secas unido por fuertes ataduras en un extremo fue su elegido para centrar al descortés invitado y futuro torturado.

    El chasquido de de las varas en el torso de Amane produjo unas ligeras líneas rojas en su piel, mientras que el dolor punzante e intenso trajo de vuelta a su colgado centro de atención.

    Amane gimió y dobló el cuerpo, lo que constriñó las ataduras de sus partes nobles, forzó el ano haciendo que el trozo de madera sobresaliese un poco y sus músculos del esfínter sintiesen un gran dolor.

    Casi se relajó de inmediato para poder soportar el dolor de su interior, el efecto de ese acto reflejo fue la introducción del pene de madera más profundamente.

    La cabeza del reo giró para mirar a su amo y descubrió un inmenso placer en su columna que le subía desde los testículos. Las lágrimas resbalaron hasta el suelo.

-“Su baño está preparado, mi señor.”- Dijo Daisuke acercándose al Shogun.

-“Estupendo, acercarme al ofensor para poder entretenerme mientras se me lava.”- Contesté.

    El baño consistía en una tinaja que se hallaba dentro de un bloque de madera especialmente diseñado para mantener el agua caliente mediante un leve fuego debajo del barro.

    Daisuke y su hijo Benjiro me despojaron de mi ropa, se desnudaron ellos mismos y se introdujeron en el agua templada conmigo.

    Fumimaro nos acercó a Amane mediante un sistema complejo de poleas, pero muy sencillo de usar para los que estábamos acostumbrados.

    Me acerqué al borde del recipiente mientras mis dos sirvientes de más confianza se ocupaban de frotar mi cuerpo con una esponja.

    Noté la mano de Benjiro concentrada en mi duro miembro, siempre acariciándolo con ternura y deseo. Daisuke parecía muy dispuesto a demostrarme lo mucho que me quería, puesto que su duro miembro, he de decir que uno excepcionalmente grueso, calentaba mi ano de forma reincidente.

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