Brujos I – Abel 7

    Sentado en un tronco caído Abel seguía sin pensar con claridad, mucha información para asimilar…

    No era eso y lo sabía, su cuerpo ya se lo había dicho desde un principio, quería entender lo que había pasado pero tenía miedo a todas aquellas respuestas.

    El aire olía distinto, estaba más limpio de suciedad y al mismo tiempo tenía una textura un poco más espesa. No conseguía descifrar los enigmas de su entorno, sin una base de conocimiento era obvio que no podría seguir adelante.

    Lo que le chocaba es que para él, ese hombre ya era parte de su vida, al principio pensó que era Laudiel y después se había visto impelido a tener una relación con el ser humano vivo que más le había hecho sentir en su vida.

-“Hola, Abel.”-

    La voz de Laudiel brotó de detrás de un árbol cercano. El muchacho ni se inmutó al oírle, sabía que tarde o temprano aquello tenía que pasar…

-“Me estabas llamando desde el momento en que te enteraste de tu inmortalidad.”-

-“¿Ahora también lees la mente?”-

-“Sólo si la persona no habla.”-

    Los dos se miraban fijamente a los ojos, los verdes de Abel comenzaron a brillar de forma acuosa y las lágrimas corrieron por sus mejillas. Pasaron varios minutos hasta que se relajó del todo y de manera entrecortada consiguió preguntar en voz alta:

-“¿Esto significa que ya no me van a ahorcar?”-

-“¡Justo! Ya no puedes morir, al menos en principio.”- Respondió el antiguo ángel.

-“¿Es cosa tuya todo esto?”-

-“Sí, de alguna manera y de otras no.”-

-“¡¿Qué cojones os pasa a todos?! Dame una respuesta clara.”-

-“Vale, yo era el encargado de recoger tu espíritu al morir, ¿te acuerdas?”-

-“Sí, Laudiel.”-

-“Vale, pero eso no era tan sencillo. El libro de los nombres de aquellos que están bajo mi cargo es atemporal mientras siguiese siendo un ángel de la muerte…”-

    La explicación se extendió durante mucho rato, Laudiel le dijo que justo antes de pasar a ser el Tangencial Trascendente, borró su nombre del libro, algo que evitaría que Abel pudiese morir durante al menos dos días, tiempo en que reaparecería en el libro de otro ángel de la muerte.

    El siguiente paso fue borrar el de Durias y enviarlo al pasado justo en esos días para poder traerte al futuro y que comenzasen a existir los inmortales…

    Como a los dioses les convenía que todo aquello ocurriese y al planeta también, apoyaron al brujo y los hicieron semidioses, de esa forma, ningún ángel de la muerte podría recoger sus espíritus antes del final del mundo.

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