El Shogun I – Takeshi Miyosi 6

    Uno de los grandes placeres que me brindaba mi vida era estar rodeado de duros y amorosos hombres. Cada uno de ellos con un buen miembro al que recurrir si lo necesitaba y una auténtica devoción por el mío si yo lo requería.

    En estas cavilaciones me encontraba, notando al padre y al hijo completamente empalmados y frotándose conmigo cuando comencé a deleitarme con el pequeño y estrecho ano del amante de mi esposa.

    Amane había comenzado a asumir que no podría evadirse de nuestras atenciones, ni mental, ni física, ni espiritualmente, lo que le había llevado a empezar a sentirse muy excitado.

    Sus huevos rebosaban y en la seda comenzaba a notarse unas pequeñas gotas saliendo de la punta del pene totalmente erecto.

    Las sacudidas de las varas comenzaban a producir sangre en todo su cuerpo. Pequeñas gotas que se iban juntando para formar ligeros ríos en la orografía de su esculpido cuerpo y caer irremediablemente en el suelo.

-“Va siendo hora de que le demos la vuelta.”- Expresé en voz alta.

    Daisuke y Benjiro salieron del baño y ayudaron a Fumimaru para obedecerme, el cuerpo de Amane ya era un amasijo de de dolor y placer que se hallaba a nuestro servicio.

    Lo colocaron boca abajo con los pies en el suelo, las manos separadas del cuerpo y ligeramente elevadas, mientras que liberaban sus partes de casi toda la seda.

    Un cordón fino lo enrollaron y apretaron juntando la base del pene y el escroto, igual que se ata un hatillo pero sin nudo.

    Mientras Fumimaro seguía fustigando su espalda, yo proseguía abriéndole el culo con el consolador que ya empezaba a entrar y salir con mucha facilidad.

    La sangre había dejado paso a los residuos normales, un olor que se metía en mi nariz de manera persistente, provocando que mi pene vibrase al ver su dilatación y contracción.

    El padre y el hijo hacían que la cuerda frotase su saco lleno de placeres por descubrir. Mi mano derecha empezó a darle pequeños golpecitos en el escroto duro y rebosante, mientras con la izquierda impedía que su culo se tragase por completo el consolador.

    Con un espasmo violento y un grito ahogado en el bozal, su leche se derramó en el suelo teñido con su propia sangre.

-“Soltadlo y encerradlo en una de las mazmorras, quiero que sus heridas sanen pronto Benji. Debe estar disponible lo más pronto posible puesto que ha de hacer un pequeño viaje.”-

    Mis palabras fueron obedecidas de inmediato y solamente el hecho de tener un consolador en el culo impidió que Amane se derrumbase al suelo.

    Entre los tres lo cogieron en volandas y lo aproximaron a mí. Con mis dedos juguetones extraje el madero y observé su reacción.

-“Me apartarás de tú mujer, pero me vengará en el momento que sepa lo que me has hecho.”-

-“Amenazas baldías, Amane. Seguro que ya lo sabe.”- Contesté sonriendo y había verdad en mis palabras.

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