Brujos I – Abel 9

    Lo siguiente que hablaron frente al fuego, y ya relajados, fue de la historia del trocito de universo que les había tocado habitar.

    Abel tuvo que aceptar muchas cosas que venían en los libros y que para él eran extrañas maneras de ver el mundo en el que vivían, menos mal que uno de los efectos secundarios de su actual estado era una asimilación rápida de los acontecimientos, porque tenía mucho que asimilar.

    En poco tiempo había descubierto que para la gente que él había conocido de pequeño, ya era un erudito del más alto nivel y en realidad no sabía ni una cuarta parte de lo que le correspondía.

    Durias le dijo que lo siguiente al gran estallido había sido la creación de Los Cimientos que eran seis: El Destino, La Muerte, La Vida, El Vacío, El Tiempo Y El Infinito.

    Ellos habían creado la materia y la magia, una forma de controlar la energía que abundaba en el universo. De la unión de estos elementos surgieron las razas de los seres vivos, entre las que destacaban tres grandes grupos, el primero era los naturales, que englobaban a las plantas y animales.

    El segundo grupo se les llamaba de las Sombras por haber permanecido ocultos y gustarles los rincones más sombríos, estaba compuesto por: Vampiros, Licántropos, Ojos De Gato, Escamosos, Alados e Ignotos.

    En el tercero se hallaban: Gnomos, Centauros, Ángeles, Enanos, Elfos y Humanos. Se les llamaba de la Luz puesto que no se ocultaban y preferían ser vistos y luchar por las cosas en las que creían.

-“Hablando de creer… Me parece que lo quiero dejar por hoy Durias, necesito descansar.”-

-“Vale amor, lo que quieras tenemos mucho tiempo.”- Dijo el mago sonriendo con ternura. –“¿Te importa si me quedo leyendo algo antes de ir a la cama?”-

-“Claro quédate, yo necesito pensar.”-

    La mente de Abel estaba en shock por la cantidad de especies que le habían contado que existían. La sensación de tristeza se hizo muy clara en su corazón, el saber todo aquello le había hecho darse cuenta de lo sencilla que era antes su vida y lo mucho que echaba esa sensación en falta.

    ¿Qué significaba lo de ser un cimiento?

    ¿Estaba claro que eran cosas fuera de la capacidad de los simples humanos, pero eran personas?

    ¿Y Los Tangenciales que le faltaban por conocer también eran seres vivos?

    ¿Cómo podía ser aquello verdad?

    Empezaba a plantearse serias dudas sobre todo aquello y pensar que estaba delirando con la fiebre en su celda, mirando la horca e imaginándose un mundo tan complicado y desquiciado como aquél.

    Sin embargo algo le estaba diciendo, como una vocecilla en su interior: “No seas paleto, sólo necesitas tiempo para verificar todo aquello y saber si estás aquí. Por otro lado intuyes que es cierto, sólo duerme y deja de molestarme.”

    Desde luego si aquella vocecita a la que la gente llamaba consciencia era la suya, debía enseñarle modales…

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