Festival

    La música del festival me ha dejado sordo por un tiempo, mi garganta se resiente de los gritos y el esfuerzo para poder hablar, del polvo del campo y las cantidades ingentes de alcohol no parecen ser un buen compañero de viaje cuando todo ha terminado.

    La primera impresión que me llega al comenzar a sentirme normal es el cansancio, la gente que me rodea grita, soy consciente pero lo escucho muy bajito y las amigas que han ido al festival conmigo son muy pesadas con que les preste atención.

    Mi mente vagabundea ignorando su entorno para superar el estrés del cansancio y las ganas de darle un par de bofetadas a un tío que no para de brincar, sólo por la envidia que me da su energía.

    El camino hasta el metro parece interminable, el disgusto llega cuando me golpea la realidad. El festival está muy lejos de la capital, hasta las seis no sale el primer tren de cercanías.

    Un grupo imposible de personas nos hacinamos en los aledaños de la estación para poder charlar en grupos, el césped se ha llenado para cuando llegamos y nos toca quedarnos de pie.

    Menos mal que sólo nos quedan diez minutos de espera. Aunque se me empieza a pasar con lentitud los malo síntomas del cansancio, el psicológico amenaza con bloquearme los sentidos.

    Mis oídos empiezan a registrar los volúmenes más bajos y de pronto las voces de mi alrededor me aturullan con su griterío.

    Una de mis colegas está empeñada en sentarse en el suelo. La cojo del brazo y tiro justo a tiempo de evitarle un mal olor hasta su casa, alguien había vomitado en el mismo sitio antes de que llegásemos.

    Está claro que todos tenemos los sentidos un poco embotados, menos mal que mis reflejos siguen funcionando un poco. No soportaría hacer todo el viaje con ese olor cerca de mí.

    La chica me da las gracias y llega el tren, como estábamos de pie, somos los primeros en entrar y ocupamos los asientos que más cerca nos pillan, aquí es un poco tonto el último…

    Para cuando queremos llegar a la ciudad, un par de las locas que me acompañan se han quedado dormidas y empiezan a roncar, menos mal que como todos vamos por el estilo a nadie le sorprende.

    Llegamos a nuestra parada y nos bajamos ayudando a las sobadas, parece increíble que sean adultas y que no hayan bebido tanto como para caer rendidas…

    Un par de besos a cada una y me despido, oigo unos quejidos al respecto, parece ser que pensaban que las acompañaría a la casa de una de ellas que es donde habían quedado en dormir.

    Mi cara al darme la vuelta les dice lo equivocadas que están con respecto a mí, sus pretensiones y su carencia de responsabilidad como seres humanos.

    Un simple hasta luego y pillo la dirección que me llevará a casa, se terminaron los festivales de música para mí, si vuelvo a otro será con tíos y para pasármelo de puta madre, no para estar pendiente y ser el responsable de un grupo de niñatas.

    El mal humor se me pasa según llego a la estación de casa, por fin voy a poder relajarme…

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