A. II

    No tengo remedio, está clarísimo.

    Cada vez que me lo cruzo sigo preguntándome el motivo por el que no da el paso y cómo es posible que después de tanto tiempo siga deseando verlo desnudo frente a mí.

    Reconozco que nunca he tenido problemas con aquello de estar con varios tíos al mismo tiempo, y que todos ellos lo supiesen, incluso soy de los que creen firmemente que mi fidelidad es muy cara y no todo el mundo la puede comprar.

    Aunque cuando me topo con tipos como A, debo deciros que hay varios, me nacen unas ganas tremendas de hacer el loco.

    Con eso me refiero a superar mi “flema inglesa”, cogerlo de los hombros, empotrarlo contra la pared y desnudarlo sin miramientos.

    Gritarle las preguntas que me inundan siempre que pienso en él y descubrir el motivo por el que es incapaz de hacer realidad lo que los dos deseamos.

    Claro que todo esto se debe a un marco muy curioso, yo estaba con mi amigo Paco, resulta que el buen hombre me hacía el favor de llevarme unas cosas al pueblo y estábamos cargando el coche para irnos.

    Otro automóvil negro pasó lentamente por la calzada y se paró de manera significativa hasta que vi que quien conducía era A, su gesto tras las gafas oscuras era un poema.

    Claro que mi estupor me dejó sin saber muy bien cómo reaccionar, así que mi cuerpo abrió el coche de Paco, cerró la puerta tras sentarme, cogió el cinturón y salí de un bucle cerebral en el que sólo podía pensar su nombre hasta que Paco me dijo:

“¿Estás bien? ¿Pasa algo?”

    Vio que salí de mi asombro y un mar de preguntas inundó una parte de mi cerebro, mientras me reía con mi amigo de sus ocurrencias para meterse conmigo, aprovechando que me hacía el favor y así no se sentía tan bellaco el muy cabrón.

    ¿Por qué ha querido que supiese que era él?

    ¿Le habrá pasado algo?

    ¿No puede ser que le haya molestado verme con Paco, verdad?

    ¿Por qué no me llama?

    ¿Cómo puede ser que se comporte así y sea un cobarde después?

    ¿Seré yo que me estoy rallando como un idiota?

    Esa fue la última de las cuestiones, un claro SI respondió al interrogante y me centré en el viaje de una hora que teníamos por delante.

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