Las Pretensiones

    Dentro de un grupo de amigos que tengo, hay un ser excepcionalmente ignorante, es una de esas personas que siempre creen que los demás deben estar por debajo de ellos puesto que son patéticos.

    Reconozco que es un ente que sin pena ni gloria pasaba por el borde de mi existencia y no resultaba especialmente molesto. Sin ser alguien de fiar, tampoco demostraba especial interés en que lo tuviese en cuanta, algo que yo agradecía de manera efusiva.

    Un día, uno de esos conocidos a los que me refería en un principio, decidió que debíamos saber algo el uno del otro y empezó a contarle cosas sobre lo que yo hacía o dejaba de hacer.

    Por supuesto, yo no sabía nada de esto, pero sobreentendía que igual que ellos hablaban de él de forma natural conmigo, lo mismo ocurría en el sentido contrario…

    El caso es que sin comerlo ni beberlo, comencé a no hacerle el vacío, simple cuestión de educación.

    Bueno, pues hace poco me ha empezado a soltar una cantidad de sandeces por la boca que sólo pueden venir de mis supuestos “colegas”.

    Yo tengo una vida personal muy extraña, pero íntima e increíblemente desconocida para ellos. Así que no me sorprende que lo que me diga carezca de sentido…

    Sin embargo, mi sorpresa viene cuando empieza a tratarme como si yo fuese exactamente igual que él, un poco pringaete, fumao y sin demasiado amor propio.

    Continúa haciéndose el listo, creyéndose que su complejo de inferioridad pasa desapercibido aunque sea mayor que España y que su insana envidia hacia mi persona es ignorada por este que escribe.

    El caso es que ha pasado de ser alguien sin importancia a un obtuso e incordio que se cree que necesito algo de lo que él tiene, cosa que me deja perplejo, así que le suelto una burrada de las mías para dejar clara mi postura y ahora me viene de coleguita.

    Como si no hubiese pasado nada, el inconveniente es que estoy empezando a plantearme muy seriamente si me sigue interesando acercarme por el sitio éste.

    Así que he decidido ver cuál es su siguiente movimiento y con un poco de suerte me libro de “ello”, que sería muy satisfactorio por mi parte no volver a ver su fea cara en mi vida, pero ya seguiré contando.

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