Hacedor I – La Presentación 2

    Odín no entendía muy bien aquella costumbre extraña de la comunicación, ni de porqué emitíamos ese sin sentido continuo de ruidos, con lo fácil que era olerse y mirarse, se decía mucho más que con toda aquella parafernalia de estupideces que llegaban a cansar los sensibles oídos de los perros, por no hablar de su mente.

    Eso siempre lo pienso cuando miro a un perro cuyo amo está hablando con otro humano, parece que no comprenden las cosas que hacemos, sólo nos las consienten.

    Ismael y yo nos despedimos cordialmente y emprendí mi regreso a casa con un perro muy educado y precioso que me había presentado a un bombón de hombre.

-“Eres un sol, Odín, pero procura no ser tan efusivo al buscarme pareja que me los desgracias un día de estos.”-

    Según solté a mi perro en mi pequeño rincón del mundo pensé que debía de dejar pasar unos años antes de volver a ver 101 dálmatas.

    En el contestador de mi piso brillaba la luz de mensajes, así que pulsé sin mucho entusiasmo y escuché con sorpresa que había pasado la primera selección en una entrevista de trabajo de hacía un par de días.

    Soy un químico en busca de laboratorio, pero no he tenido demasiada suerte. En mi promoción no destaqué, no soy un gran cerebro y me encantaría recorrer el mundo, algo que con mi profesión, parece que no pega demasiado para las compañías.

    El caso es que la noche siguiente me la pasé pensando en la mejor manera de sobrellevar la entrevista, las preguntas que me harían y cómo podía conseguir el trabajo cuanto antes, necesitaba dinero.

    El despertador atronó en mi cerebro al despertarme. Lo apagué con mal humor y me encaminé hacia la ducha…

    Algo había llamado mi atención de manera sospechosa, miré los números parpadeantes de mi reloj digital, había sonado varias veces antes de que lo apagase, sino me daba prisa, llegaría tarde.

    Odín saltaba creyendo que mis nervios eran algo emocionante, seguro que le tenía preparada alguna sorpresa. El pobre se tuvo que conformar con un besazo, unos mimos y un portazo en la cara para que no me siguiera.

    Al salir del edificio, corrí hacia el metro más cercano, con tan mala pata que o bajaba las escaleras de dos en dos o me caía seguro, puesto que perdí pie en el primer escalón.

    Llegué justo a tiempo a la entrevista, todo en su sitio, el traje, la camisa por dentro, la corbata, el maletín…

    Un pequeño punto brillante me asaltó en el cerebro, debía reconocer que con los nervios, lo normal es que se me olvidase algo, pero no fue el caso.

    Si os estáis preguntando por la entrevista, sólo os diré que fue genial, yo me sentía seguro de mí mismo y trasmití con total naturalidad los intereses que tenía en este puesto.

    Algo debió pasar, puesto que la chica que me estaba entrevistando tuvo que salir un momento en mitad de la charla. Volvió al poco tiempo y nos despedimos de forma muy agradable. Me llamarían lo antes posible para decirme si pasaba a la siguiente ronda.

    Una vez en el ascensor de bajada y completamente satisfecho, me percaté de un hombre que tenía a la derecha. Era un tipo alto, no demasiado pero impresionante, moreno, ojos marrones, perilla y sorprendía verlo en pantalón pirata y con un polo, sandalias, un bolso cruzado en el pecho de los del tipo portafolios y con varios tatuajes.

    Desde luego no parecía el típico ejecutivo de la compañía, aunque sí parecía el estilo de persona que me llevaría a la cama sin dudarlo.

-“Por si lo quieres saber, cuando termines con la radiografía, mi nombre es José.”- Su voz varonil inundó el silencioso ascensor.

-“¡Perdona! No quería ser tan descarado.”- Mis pómulos se sonrojaron y un calor muy intenso se desató de golpe.

-“No te preocupes, suelo llamar la atención en estos sitios, no me lo tomo como algo personal.”-

    Su sonrisa era sincera, sus ojos vivaces y su mano extendida pedía la atención de lo que antes era un hombre y había pasado a ser un manojo de nervios.

-“Perdona otra vez, me llamo Diego.”-

    Lancé mi diestra y recibí un apretón de manos de los más duros y firmes que había sentido en mucho tiempo, aquél José despertó mi curiosidad.

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