Hacedor I – La Presentación 3

-“Para ser justos contigo, este encuentro no ha sido accidental, Diego. Estaba buscando un químico con tu perfil y me ofrecieron venir a observar vuestras entrevistas…”- Comentó José de forma clara y contundente.

    De golpe me encontré cambiando mi actitud de ligar por la seria de entrevistar, mezclada con un poco de indignación justificada por la encerrona.

-“Si estás interesado en un cambio de aires, te dejo aquí las condiciones y la forma de contactar conmigo.”-

    Mientras decía esto el hombre más sexy que me hubiese ofrecido trabajo en la vida, sacó una carpeta de su bolso y me la tendió.

    La guardé rápidamente en el maletín y las puertas del ascensor se abrieron. Estaba demasiado estupefacto para racionalizar mi reacción, así que simplemente huí sin mirar atrás.

    El viaje de vuelta a mi casa fue rápido y no pude salir de mi asombro, normalmente soy yo el que busca empleo, no al revés…

    Por no hablar de esos ojos sinceros y misteriosos al mismo tiempo.

    Abrí la puerta de lo que habitualmente se denomina hogar y un cachorro muy crecidito me dio la bienvenida.

-“Hola, Odín. ¿Qué pasa, quieres salir?”-

    Con un movimiento rápido de su rabo se dirigió a coger la correa del perchero y me la puso en la mano. Aquello fue salir y besar el santo, el pobre estaba que no aguantaba más encerrado.

    Me pasé una hora en la calle con él, sin querer volver por si lo que leía en la carpeta no me gustaba…

    O si lo hacía…

    Mi mente se hallaba en otro sitio y mi peque lo debió de notar porque sin darme cuenta me encontré en el portal. Saqué las llaves y subimos tranquilamente, lo besé mucho y me fui al salón para sentarme a leer.

    Era la mejor oferta de trabajo que había recibido en mi vida, sólo tenía un impedimento, no contaban con que tuviese perro.

    La empresa se llamaba Atlemur y la única manera de contactar con ella era a través de una tarjeta donde ponía un nombre, David y un número de teléfono.

    Necesitaba más información para decidir…

    Un tirón en mi axila me hizo reaccionar, no me había cambiado de ropa, seguía con el traje y Odín me lo había llenado de babas. Me quité la chaqueta justo antes de que sonase el teléfono.

    Mis padres querían saber lo que había pasado en la entrevista y les propuse ir a verles, tardaron algo así como dos segundos en decirme que nos esperaban.

    Al día siguiente todo seguía igual, la carpeta estaba en el salón, las dudas en mi cabeza y la pena en mi corazón al pensar en deshacerme de Odín.

    Estaba claro que ya había tomado una decisión y no quería aceptarla. Mis padres cuidarían de él y yo lo vería siempre que pudiese…

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