Accidente II

    Las dos mujeres y el maquinista empiezan a discutir sobre lo que deberíamos hacer, mi consciencia piensa que no hay opciones, parece que todo está demasiado lejos de nosotros, así que no comprendo los gritos.

    La lógica aplastante de los sucesos nos obliga a acercarnos hasta la valla que rodea las naves y al par de guardias que las protegen.

    Mucho antes de llegar a su altura nos ven caminando de forma débil y errática hacia ellos.

    Me imagino que pensarán que estamos borrachos y nos habremos perdido, pero antes de terminar el paseo un hombre de traje a rayas impoluto sale hasta la puerta del recinto a esperarnos.

    Los cuarenta años los tiene, incluso alguno más, aunque su delgado y elegante cuerpo no provoca una clara relación con su edad, salvo por las canas en el pelo se podría decir que tiene treinta.

    Escucho los comentarios en mi lado derecho y se me quedan grabadas las palabras mafioso y droga.

    Las mujeres tienen mucho miedo a lo que puede que nos ocurra por pedir ayuda a semejantes delincuentes. Incluso se atreven a decirnos algo semejante a que como nosotros no vamos a ser los agraviados…

    Ignoro sus desvaríos, los achaco a nuestra precaria situación.

    Al llegar al lado del mafioso me fijo que su rostro es tan bello como su figura, su boca se abre y me siento incapaz de entenderlo del todo.

    Creo que mi contusión es peor de lo esperado.

    Pasamos al interior del recinto y tanto el conductor como yo le agradecemos su ayuda. Las dos chicas se agarran mutuamente y pasan juntitas con un casi imperceptible temblor en sus cuerpos.

    De golpe me encuentro en una casa muy bien amueblada, cómoda y acogedora. El mafioso nos sienta en un salón lleno de lujo, le pasa el teléfono al maquinista y nos empieza a mirar por si tuviésemos algo roto.

    Las dos féminas de nuestro grupito sin par, empiezan a coquetear sin remedio y sin ningún resultado. Lo que me obliga a sonreír por dentro.

    Los equipos de emergencia ya están de camino, no deberían tardar mucho en llegar al túnel donde sufrimos el accidente.

    Ha llegado mi turno de la revisión de ese hombre perfecto envuelto en su traje de diseño a rayas. Sus manos calientes chocan con mi baja temperatura corporal.

    Le escucho hablar que mi estado es peor de lo que parecía y que me va a llevar a un hospital de inmediato.

    Un gran revuelo se escucha a lo lejos, no tengo claro si lo que pasa es dentro o fuera de esa casa de ensueño.

    Lo siguiente que recuerdo es la completa oscuridad engulléndome sin permiso, con unos ojos negros mirándome y gritando algo incomprensible.

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