Dioses V – Facundo E Isadora 10

    Facundo recorría su oscura casa nueva, el ruido de su creación se había vuelto sordo y lejano.

-“No deberías darle importancia a estos cambios, vas a ser un privilegiado.”-

    La voz de Laudiel brotó de una esquina del dormitorio principal de la casa.

-“Tu inercia te convirtió en un protegido de Lucas, algo que hiciste de manera voluntaria y siguiendo tu fascinación por lo que habías leído de nosotros.”-

-“¿Estás diciéndome que este agujero en mi mano es únicamente responsabilidad mía? ¿Qué sólo representa mis ganas de un cambio en la vida?”- Respondió indignado el vampiro.

-“El cambio voluntario suele ir acompañado de pequeñas consecuencias o cambios involuntarios, para equilibrar esa situación Oli te dio una casa sin saberlo, sin embargo su compasión es poderosa…”- Laudiel proseguía con su manera de hacer las cosas.

-“¡Ja! O sea que le doy pena y me construye una casa… No lo digáis muy alto a ver si se aprovechan de vosotros…”-

-“Ahora ha llegado el momento de que seas consciente del precio que has pagado por ese ansia incontrolable de conocer las cosas en persona y no a través de los escritos…”-

    La mano del antiguo ángel se cerró entorno al hombro del vampiro. Un frío intenso se apoderó del rubio escriba, su cuerpo no le respondía y notaba la muerte llevándose todo su ser al sitio de donde procedía.

    Cuando todo lo que le rodeaba era oscuridad, la luz le inundó de golpe.

    Su corazón volvía a latir de forma acompasada, la sangre corría por sus venas y estaba vivo otra vez.

    Una cáscara negra lo rodeaba por completo, en el momento preciso en que era consciente de ello estalló en un millón de trozos para luego volver a romperse hasta ser sólo polvo.

-“Ahora serás conocido entre los minerales como Obsidiana primero, estarás vivo y nadie podrá hacerte daño física o mentalmente…”-

    Según terminó la frase, Lau desapareció de su vista.

    Facundo se encontró mirándose en un espejo, ahora su pelo era negro, pero un negro lustroso y con mucho brillo. Su piel era sonrosada y el agujero ya no estaba.

    Se dejó caer sobre la cama negra de piedra y su mente se conectó a cada pequeña molécula que componía la casa.

    Notó la obsidiana de su alrededor como algo vivo que le hablaba:

“Estoy para proteger, soy el corazón del planeta, su sangre hecha piedra y tú eres quien me da forma y me ayuda a alcanzar todo mi potencial.”

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