El Shogun I – Takeshi Miyosi 10

    Llegamos a la parte en que se hallaban los aposentos de mi palacio, en aquella fortaleza subterránea y horadada podían vivir todos y cada uno de mis súbditos sin que las interferencias del exterior nos acosasen continuamente.

    Lo único que debíamos conseguir era el alimento, todo lo demás se podía hacer dentro de la montaña…

    Llamé a Daisuke para que preparase una comida copiosa por nuestros invitados y trajese a su hijo.

    Benjiro era un experto torturador de la más alta disciplina de las cuerdas, era capaza de no hacer daño con ellas y sólo producir placer o colocarlas de tal manera que notases cada pequeña parte de los elementos que componían las ataduras.

    En cuanto llegó le acompañé hasta el “pirata” inglés y le ordené que le sonsacase toda la información que fuera capaz.

    Justo antes de acudir a la cena con mis invitados, recibí una notificación de urgencia, Akihito y Kaneda habían llegado de su expedición.

    Me encaminé hasta la sala donde se hallaban mis bucaneros más rebeldes y dio comienzo el festejo.

    Benjiro se acercó a la mesa y me comentó que había atado al perro inglés de una forma muy básica, lo desnudó e inmovilizó en una silla alta con el culo dispuesto y una correa al cuello para que no se moviese.

    Un chorro de agua le iba cayendo lentamente sobre la espalda, aquello sólo había comenzado…

-“Bueno Bikotoru… ¿Cuánto crees que tardará en cantar el pajarito?”-

-“Ajani, ten paciencia hemos empezado con Benjiro, ya sabes que es nuestro experto.”-

    Las miradas de los dos se cruzaron brevemente, no se tenían mucha estima, Benji había notado que desde los encuentros entre el pirata de ébano y yo, no disfrutaba tanto con el sexo anal de los de mi propia élite.

    Si le añadimos que mis compatriotas no desean saber nada de los hombres que no sean de nuestro país, nos encontramos con un odio contenido por respeto hacia mi persona.

-“Bikotoru, me gustaría pedirte un favor más, si no es mucha molestia…”- Ajani sopesaba su propuesta mentalmente.

-“Dime, Ajani.”-

-“Tengo a un grumete en mi nueva tripulación que no ha salido mucho en barco, no tiene familia y no sabe lo que es yacer con otra persona… Pero tiene harta a mi tripulación con sus masturbaciones… Ya sabes, es algo que va con la edad…”-

-“¿Quieres que pierda la virginidad aquí? ¿Conmigo o mis hombres?”-

-“¡No! Estaba pensando más bien en mujeres y hombres para que luego él pueda elegir mejor, todo ello sin violencia, sólo con placer.”- Ajani demostraba cierto interés extraño con aquello.

    No era la primera vez que hacíamos algo similar, uno de sus tripulantes pertenecía a mi élite personal y le acompañaba en todo momento.

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