Druidas III – Miguel 10

    Se acercó volando a la rama donde había sido empujado de manera vil y retorcida, su gesto era de enfado, pero pudo confirmar que aquello se había preparado para un aterrizaje.

    Joy se hallaba en el nido acurrucado, junto a él estaba un enorme lobo negro con los ojos muy abiertos mirando al casi desnudo Sebas entrar a su casa.

    En el nido olía a carne fresca recién muerta y a sangre. Miguel se incorporó y recuperó la forma humana.

-“He cazado un conejo para tu nuevo acompañante y después de comer se ha quedado dormido como un lirón.”- Dijo Miguel.

-“Joy.”- Contestó Sebastián.

-“¿Perdona?”-

-“Su nombre es Joy.”- El grifo ronroneó y se giró para ponerse panza arriba.

    Sebastián le rascó la tripa mientras mentalmente se recreaba en el cuerpo del licántropo, perlado por gotitas de sudor y reflejando la escasa luz de la luna que entraba, sus torneados brazos reclamaban alguien a quien abrazar.

    Miguel se acercó por detrás y cuando Sebas se incorporó lo abrazó con ternura. Su increíble calor rodeó a Sebas y consiguió que se rindiese a lo que desde buen principio sabía que iba a pasar.

    El sol entró de golpe en la habitación cuando Eu abrió las cortinas de la habitación.

-“¡Vamos Sebas! Hay mucho que hacer y tenemos que reunirnos todos.”- Dijo enérgico Eu. –“¡Oh, por dios! Lo que menos necesito es veros fornicando de buena mañana.”-

-“Eso no te ocurriría si aprendieses modales y a no entrar en mi casa como si fuese la tuya.”- Espetó Sebas medio dormido.

-“Buenos días.”- Fue la escueta respuesta de Miguel.

    Los dos se dirigieron al baño un poco a la carrera.

-“No quiero ni saber si cruzáis los chorros.”- Gritaba Eu mientras bajaba las escaleras refunfuñando.

-“¿Es habitual que entre sin llamar?”- Preguntó Miguel.

-“Sí, así que espero que dentro de poco nos pille en plena acción y no lo vuelva a hacer.”-

-“¿Es una buena manera de decirme lo que esperas de nosotros?”- Preguntó Miguel con una ceja levantada.

-“¡No!, bueno, un poco sí pero es que…”- Contestaba azorado Sebas.

    El hombre lobo lo cogió en brazos, lo besó profundamente y los introdujo en la bañera.

-“Espero que eso sea un sí como respuesta, porque mi especie no suele ser demasiado dada a la promiscuidad.”-

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