Brujos II – Risla 5

    Dárian sabía que no debía intervenir. Risla tenía que darse cuenta de toda la bondad de su alma, o perderla para siempre.

    Risla-pez volvió a su forma lupina e irrumpió en el castillo por una de las ventanas, seguida de cerca por Dárian.

    Yana, la propietaria de semejante caserón, se hallaba en el centro del patio interior, imponente y peligrosa. Una sonrisa efímera bañaba su gélido rostro, mientras el pelo rubio flotaba en aquél viento de ultratumba.

-“¡Bruja del demonio!”- Rugió Risla. -“Tu muerte se acerca en la forma de un Selenita.”-

-“Espero que en tu próxima vida ensayes mejor tus gritos de rabia, pobre cordera.”-Sonrió Yana. Seguir leyendo

Brujos II – Risla 4

    La amigable Nereen, cedió un poco de su agua para que Dárian pudiera preparar el café. Roberto se sentó encima de un mueble de cocina y el chico de Risla  en la mesa de la misma.

-“Bueno Risla, no creas que lo que te ha ocurrido es una maldición, aunque tampoco es una bendición. Perteneces a una raza especial de seres influidos por la luna, tipo el hombre lobo, pero con algunas ventajas. Con un poco de práctica podrás dominarlos y… Depende de tu corazón será para el bien o para el mal.”-

-“Y… ¿Volver a ser humana no es factible?”-

-“¡Hombre!… ¿Teniendo en cuenta que nunca lo has sido del todo?”- Preguntó Roberto mordaz. Seguir leyendo

Brujos II – Risla 3

    Hay un tipo de personas que en mi vida siempre me daban mucho miedo y ahora mismo no son ni remotamente importantes:

    Los egoístas.

    Es el tipo de ser humano que coge sin pedir, aquellos que te roban del alma los mejores pedazos de ti.

    Les da igual si son buenas ideas por tu parte, buenos sentimientos de los que aprovecharse para chuparte hasta la sangre o simplemente ver a alguien con una forma de ser mucho más genial que la suya a quien imitar.

    El caso es que de abundar por todos los rincones de mi existencia, con forma masculina o femenina, han pasado a ser minoría. Seguir leyendo

Brujos II – Risla 2

-“No tengas miedo…muchacho. Este ya  no puede hacernos daño.”- dijo el irónico roble.

-“¿Qué ha pasado, abuelo?”-Respondió Dárian.

    El árbol guardó silencio mientras los ojos del chaval parecieron salirse de sus órbitas. Una masa informe, que parecía haber sido un hombre, se hallaba tirada en el suelo rocoso. Nereen, se elevó en un chorro de agua y cantineó:

-“No sabía de la existencia de humanos sin estructura ósea”-

-“Así es. Sin huesos… no somos humanos.”- Respondió el brujillo con la cara desencajada. Seguir leyendo

Brujos II – Risla 1

    La luna brillaba en lo más alto de la bóveda celeste, sus plateados rayos se bañaban en las leves ondulaciones del calmado lago.

    Las ninfas acuáticas saltaban con los peces multicolores que, a esas horas, habían decidido ascender a por algún que otro mosquito. 

    Era verano y el calor abrasador del hermano sol ya había remitido, dejando una ligera brisa, deslizarse entre los cercanos robles.

    La figura encapuchada de un humano, reposaba, adormecido por el frescor, entre las raíces de un inmenso pino. Se encontraba en la zona más inaccesible, aquella en que las rocas producían un ligero acantilado.

    Las ninfas acuáticas, denominadas así, porque estaban formadas de esta sustancia, chapoteaban alegremente. Seguir leyendo

Brujos I – Abel 10

    Lo que Durias quería leer era un tebeo que tenía guardado en la biblioteca, tenía que despejar su mente de aquella organización obligatoria para poner al día a Abel y nada mejor que una historia gráfica para deleitarse de un momento de esparcimiento.

    Llegado el final, se encontró recostado en el suelo mirando las llamas bailar y pensando en todo lo que había hecho para llegar a este punto.

-“Sí, supongo que ya es hora de recibir la recompensa a mis esfuerzos.”- Dijo en voz alta.

-“En eso estamos de acuerdo todos.”-

    Laudiel, Lucas y Olivier se sentaron a su alrededor para charlar tranquilamente.

-“¿Crees que servirá?”- Preguntó Oli sin preámbulos. Seguir leyendo

Brujos I – Abel 9

    Lo siguiente que hablaron frente al fuego, y ya relajados, fue de la historia del trocito de universo que les había tocado habitar.

    Abel tuvo que aceptar muchas cosas que venían en los libros y que para él eran extrañas maneras de ver el mundo en el que vivían, menos mal que uno de los efectos secundarios de su actual estado era una asimilación rápida de los acontecimientos, porque tenía mucho que asimilar.

    En poco tiempo había descubierto que para la gente que él había conocido de pequeño, ya era un erudito del más alto nivel y en realidad no sabía ni una cuarta parte de lo que le correspondía.

    Durias le dijo que lo siguiente al gran estallido había sido la creación de Los Cimientos que eran seis: El Destino, La Muerte, La Vida, El Vacío, El Tiempo Y El Infinito. Seguir leyendo

Brujos I – Abel 8

-“¿Por qué yo?”-

-“Por amor, está claro.”- Respondió Laudiel. -“Sabes que siempre he tenido debilidad con determinados alumnos míos de entre todos los brujos que he conocido en esa etapa.”-

-“Vale, ya entiendo por qué motivo mi condena se retrasó dos días y que no estoy en mi época.”-

-“No, estás en el siglo XXI, no el XIII.”-

-“¿Y ahora?”-

-“Bueno, eso depende de vosotros… Los caminos de Durias y el tuyo se han entrelazado y no se van a romper tan fácilmente. Debéis estar aquí un año, más o menos para que podáis enfrentaros con lo que hay fuera.”- Contestó Lau.

-“¿Qué hay fuera?”- Seguir leyendo

Brujos I – Abel 7

    Sentado en un tronco caído Abel seguía sin pensar con claridad, mucha información para asimilar…

    No era eso y lo sabía, su cuerpo ya se lo había dicho desde un principio, quería entender lo que había pasado pero tenía miedo a todas aquellas respuestas.

    El aire olía distinto, estaba más limpio de suciedad y al mismo tiempo tenía una textura un poco más espesa. No conseguía descifrar los enigmas de su entorno, sin una base de conocimiento era obvio que no podría seguir adelante.

    Lo que le chocaba es que para él, ese hombre ya era parte de su vida, al principio pensó que era Laudiel y después se había visto impelido a tener una relación con el ser humano vivo que más le había hecho sentir en su vida.

-“Hola, Abel.”- Seguir leyendo

Brujos I – Abel 6

    Los rayos del sol iluminaron la estancia, los recién levantados se hallaban en el salón comedor y encima de la mesa había una gran variedad de manjares ya cocinados y una nota explícita encima de la canasta de frutas frescas.

    “Gracias por un trabajo bien hecho, descansad y aprended, ya sabes cómo localizarnos.

    Los Tangenciales.”

    La sonrisa de Durias hizo que Abel se relajase de forma inmediata. Los dos necesitaban comer tranquilamente mientras se ponían de acuerdo entre seguir con lo anterior o comenzar a aclarar cosas.

-“Creo que deberíamos comer y hablar de nuestros benefactores.”- Dijo Durias relamiendo los labios pringosos por la fruta de Abel. Seguir leyendo

Brujos I – Abel 5

    Los dos se fundieron en un largo beso. Abel estaba muy excitado, su pene erecto amenazaba con romper los pantalones. Durias lo vio venir y comprendió lo que ocurría.

-“Mejor será liberarle de su atadura.”- Rió Durias mientras le bajaba los pantalones.

    Un miembro blanco y duro resplandecía frente a las llamas de la chimenea. Abel comenzó a palpar al brujo, como con miedo de hacerle daño. Durias se relajó y se bajó los pantalones.

    La temperatura comenzó a subir muy deprisa. En un santiamén, el brujo tenía la cabeza a la altura de la entrepierna del chico y le exploró con la boca. Abel se estremeció y con un gemido entrecortado expulsó una parte de sí mismo. Seguir leyendo

Brujos I – Abel 4

-“Durias, tengo una pregunta. ¿Por qué sólo hay un dormitorio con una cama grande?”-

-“Se necesitaba todo lo demás. Ésta casa es mágica, cualquiera desde fuera, puede ver que sólo tiene un piso, la cama debería estar al otro lado de esa pared…”- Contestó mientras se levantaba para ver la supuesta habitación.

-“¿Siempre contestas de forma esquiva a las preguntas?”-

-“No, sólo a las que no se saben formular y no son concretas.”-

-“¿Vamos a dormir juntos, Durias?”- Dijo el muchacho.

-“Sí.”- Respondió escueto Durias, mirando la puerta del dormitorio. Seguir leyendo

Brujos I – Abel 3

    Los dos caminaron juntos por el bosque. La túnica negra se enganchaba en los matorrales y Durias se pasaba todo el rato agachándose y soltándose de todo tipo de trampas naturales. Aquello divertía al chico, se sorprendió otra vez al escuchar un montón de improperios, mientras el hombre moreno se ataba los bajos al cinturón.

    Parecía algo salido de un grupo de actores, la sonrisa brotó en la cara de Abel, tenía un compañero enviado por su ángel, alguien que era chispeante, vivaz y fuerte. Alguien que hablaba raro y que parecía venir de otra realidad. Su aura era embriagadora, preciosa y brillante.

    Un hombre capaz de hacer el ridículo con tal de ir cómodo. Abel empezó a pensar en un encuentro con alguien así. Su pantalón decidió llamar la atención y se dio cuenta que había algo en su centro luchando por salir. Seguir leyendo

Brujos I – Abel 2

-“¿Quién eres?”- Preguntó el muchacho.

-” Mi nombre es Durias. ¿El tuyo?”-

-“Abel. ¿Eres un brujo?”-

-“En realidad soy muchas cosas, aunque por lo que a ti respecta, soy la respuesta a tú plegaria.”-Dijo Durias con una sonrisa retorcida, como si a él también le chocase aquella frase.

-“Sé que no eres Laudiel”- Contestó Abel intentando ser perspicaz.

-“¿Siempre resaltas lo obvio?”

-“No, sólo cuando me transportan de un sitio a otro con un hechizo”- Respondió divertido.

-“¡Bueno!”- Los ojos de Durias chispearon.-“Parece que Laudiel no ha metido la pata contigo.” Seguir leyendo

Brujos I – Abel 1

    La soga pendía solitaria en la plaza, el aire matutino soplaba frío en aquella mañana de octubre. Un muchacho de piel clara y ojos verdes observaba la escena hipnotizado, los barrotes de la prisión creaban espacios distintos por los que mirar el mismo cuadro. Un artista empedernido como él, disfrutaba de la simpleza de aquella imagen.

    Su compañero de celda sería el ajusticiado ese mismo día. La muerte era para Abel, una gran conocida, incluso le había puesto nombre: Laudiel. Imploró una plegaria a ese ángel que conocemos como muerte y rogó por la pronta liberación de su compañero.

    Una luz negra respondió a sus plegarias y apareció en la prisión, en su misma celda. Los dos hombres se irguieron temblando, pasmados ante la túnica negra y la guadaña. Seguir leyendo