Druidas III – Miguel 10

    Se acercó volando a la rama donde había sido empujado de manera vil y retorcida, su gesto era de enfado, pero pudo confirmar que aquello se había preparado para un aterrizaje.

    Joy se hallaba en el nido acurrucado, junto a él estaba un enorme lobo negro con los ojos muy abiertos mirando al casi desnudo Sebas entrar a su casa.

    En el nido olía a carne fresca recién muerta y a sangre. Miguel se incorporó y recuperó la forma humana.

-“He cazado un conejo para tu nuevo acompañante y después de comer se ha quedado dormido como un lirón.”- Dijo Miguel.

-“Joy.”- Contestó Sebastián.

-“¿Perdona?”- Seguir leyendo

Druidas III – Miguel 9

-“Eso no pasaría si no hubieses hecho las cosas de la forma que las has hecho.”-

‘Creo que tú inconsciente quiere decirte algo… Hecho: has volado, luego he conseguido mi propósito.’

    Con un simple soplido Elia hizo que Sebas flotase de nuevo en el aire, haciéndole ver la manera de volar sin necesidad de utilizar al cachorrillo que gritaba desesperado…

    Sebas se dio cuenta que el chillido se aproximaba rápidamente hacia su posición, miró hacia arriba y vio al  pobre caer a peso como anteriormente le había pasado a él.

    Sin pensarlo mucho salió disparado hacia arriba con un impulso involuntario y sin conocimiento de dónde le salía. Cuando se acercaba a la altura de su bichejo se dio cuenta que no podía cogerlo de golpe o le rompería todos los huesos. Seguir leyendo

Druidas III – Miguel 8

    Al entrar en su nogal, Sebastián tuvo la sensación de que algo había cambiado, no sabía con exactitud el qué pero su columna clamaba por investigar con corrientes eléctricas directas al cerebro.

    Empezó subiendo las escaleras seguido por un, todavía un poco torpe, cachorrillo de grifo. Donde antes se terminaban, ahora seguían ascendiendo en caracol, parecían llegar a la copa del árbol.

    El druida y su nuevo amigo tardaron quince minutos en llegar hasta arriba del todo, allí había una estancia circular con un nido en el centro, el pequeño grifo comenzó a gritar como un poseso y se puso justo dentro.

    Había una abertura semielíptica encima de una gran rama del nogal, las ardillas que compartían casa, se hallaban bastante abajo, guarecidas del voraz apetito de su nuevo compañero de casa.

    Sebastián se asomó fuera y vio que entraba perfectamente, como si fuese una pista de aterrizaje muy pequeña, en el brazo del árbol. Seguir leyendo

Druidas III – Miguel 7

    El animal cabeceó en la mano de Sebastián levemente, como buscando algún tipo de apoyo. El muchacho bajó la vista para mirar al cachorro mitad león y mitad águila, todo poder y quedó fascinado por la viveza de los colores de su mente.

    El druida de la fauna se agachó para cogerlo en brazos y así poder comprobar lo grande que era, para ser un ave sin plumas y un tierno leoncito, el bichejo pesaba lo suyo.

    Su sonrisa se ensanchó al darse cuenta de los arrumacos que le estaba haciendo y lo feliz que parecía ese desconfiado animal en sus manos.

-“Bueno… Está claro que ninguno tenéis problemas con ver gente desnuda, pero yo estoy cansado de que aquí los rubios se sientan cómodos desnudos…”- Interrumpió Eu mirando a Roberto.

-“Perdona, es que no tengo ropa a mano.”- Contestó ruborizándose. Seguir leyendo

Druidas III – Miguel 6

    El druida que yacía en la piedra se incorporó débilmente, su gesto era ausente y perdido. Miguel lo cogió en brazos sin miramientos y lo puso de pie.

-“Me llamo Miguel, ¿estás bien?”-

-“Sí, creo que sí… ¿Me acaban de acuchillar en el pecho?”- Preguntó el nuevo mirándose el sitio donde antes había un cuchillo.

-“Sí, pero parece que ya estás mejor.”- Respondió Eu sonriendo.

-“Me llamo Roberto y algo me ha atraído a este lugar… ¿Podéis decirme el qué?”-

‘Eres el druida de la guerra, el defensor de este pueblo y tus poderes han aumentado al ser resucitado.’ Contestó Elia ofreciéndole el cuchillo con sus etéreas manos extendidas.

-“Vale, ¿qué significa esto?”- Preguntó Sebas ya un poco molesto. Seguir leyendo

Druidas III – Miguel 5

    Miguel y Crisor habían hecho un descubrimiento acuciante, si el druida se concentraba en los árboles, podía escucharlos hablar. Algo que ningún otro de su especie podía oír.

    Una llamada mental los sorprendió a ambos totalmente relajados y concentrados en el salón del licántropo. Debían acercarse al centro del bosque.

    Eu había estado trabajando dos días para despejar un claro en el sitio donde sabía que estaba el punto central de las energías de ese nuevo centro de poder.

    Para Miguel fue muy sencillo llegar allí, para Sebas supuso un arduo esfuerzo, no podía ver las líneas de poder y su dirección, así que decidió pedir ayuda a los animales.

    Una vez allí se encontraron con una reunión un tanto dispar, las cuatro ninfas, que a Sebas le había quedado claro eran las representantes de sus respectivas hermanas, una inmensidad de Gnomos, incluido Gumir, y un nuevo druida a quien no conocía. Seguir leyendo

Druidas III – Miguel 4

    Un chorro de agua lo levantó de golpe y lo lanzó al cielo. Sebas intentó darse la vuelta para poder ver hacia dónde caía. Niri lo había pillado relajándose haciendo el muerto, de tal manera que se retorció en el aire y vio el agua acercarse muy deprisa.

    Simplemente se zambulló sin mucho esfuerzo convertido en una especie de tritón. Su propio cuerpo ya estaba acostumbrándose a los cambios de especie y lo hacía de manera inconsciente.

    Las risas de la orilla cesaron con un gran silencio al ver su clavada y que apenas levantó agua. Crisor y Miguel se hallaban comentando la jugada del cuerpo de Sebas entre gruñidos y ladridos.

(No puedes bajar la guardia así.)- Espetó Niri mirándolo a la cara. Seguir leyendo

Druidas III – Miguel 3

-“Por lo que estoy viendo, los motivos para que tú desconfíes de Durias, tienden a ser la pataleta de un niño pequeño.”- Dijo Sebas.

-“No creas, es algo que te acabará pasando tarde o temprano.”- Respondió Eu.

    El más mayor de los tres, Eusebio, se incorporó y despidió de los otros. Debía volver a su pino, aunque aquello sonase muy mal, debía conceder a Miguel el beneficio de una buena primera impresión. Sebas se quedó sin saber qué hacer.

-“¿Quieres que te enseñe la casa?”-

-“Sería genial, nunca pensé que un druida pudiese vivir en un ciprés…”- Respondió Sebas.

-“Para alguien que no le gusta serlo y querer volver a la normalidad, lo llevas muy bien.”- Contestó Miguel con cara de pícaro. Seguir leyendo

Druidas III – Miguel 2

    Sebas dejó los papeles en la mesa y prestó atención a la discusión de los otros.

-“¿Cómo sabes eso?”- Quiso saber Eu.

-“Me lo han dicho.”-

-“¿Quién?”-

-“Eso no te lo voy a decir. Sin embargo sí os comunicaré que yo antes de ser druida era y sigo siendo un hombre lobo.”-

    Las caras de los dos humanos se desencajaron de nuevo y se quedaron sin habla. Lo que le permitió a Miguel explayarse de cualquier modo. Por lo visto él pertenecía a dicho pueblo desde su nacimiento. Controlaba mucho su parte lupina por haber nacido con ella, la sorpresa fue cuando comenzó a notar que podía hablar con los demás animales y las plantas. Seguir leyendo

Druidas III – Miguel 1

    La llegada de un nuevo druida hizo que el día siguiente estuviese cargado de expectación. Los ánimos de Sebas y Eu estaban alterados mientras Crisor les comentaba que en el ciprés había llegado un nuevo personaje.

    Un hombre de unos cuarenta años, fuerte y muy decidido estaba colocando un montón de cosas en el árbol gigante. Su pelo era corto y negro, Crisor le dijo a Sebas que se iba a llevar muy bien con él porque parecía un oso, así que seguro que tenía don con semejante animal.

    Después de varios insultos por parte del rubio y mal humorado treintañero, Crisor se escapó de la casa corriendo para seguir espiando al nuevo.

-“¡Veo que esto es a lo que lo has acostumbrado!”- Rugió Sebastián a Eu.

-“¡Eh! Qué yo no le he hecho cotilla, lo es por naturaleza. ¿O quién crees que me avisó de tú llegada?”- Respondió indignado Eu. Seguir leyendo

Druidas II – Eusebio 10

-“¿Te han explicado que el planeta es un ser vivo?”-

-“Sí, ya me he enterado que por lo visto somos una panda de ácaros…”- Respondió Sebas.

-“Bueno… Exactamente no es eso, pero se aproxima. Digamos que somos parte de un sistema vivo que modifica su estatus según crece, igual que le pasa a nuestro cuerpo cuando pasamos de bebés a niños, etc.”- Siguió explicando Lucas.

-“Vale, lo que significa que…”- Expresó Eu.

-“Nuestro planeta va a pasar de un estado a otro, justamente el que os he dicho. Para ello necesita tener ciertos cambios, entre esos aumentar su perímetro de atmósfera, para lo que ha creado los árboles gigantes, llegará a tener en este lado unos cien de ellos mientras prepara otro sitio donde hacer la misma función. La consecuencia para el ser humano es la aparición de Druidas que cuiden de ellos.”- Seguir leyendo

Druidas II – Eusebio 9

    Durias se irguió apoyándose en el árbol.

-“¿Qué quieres decir, Eu?”-

-“Que esto es tierra de Druidas, aquí vuestra magia no funciona. Ya no somos los únicos que existen.”

-“¿Éramos los únicos que existían?”- Preguntó anonadado Sebas.

-“Sí, erais una anomalía en el mundo de las energías arcanas, querido… Pero eso ya te lo deberían haber dicho.”- Contestó Durias lacónico.

    Sebastián miró a Eusebio de forma agresiva y con un tinte de locura en su expresión. Estaba claro que había demasiadas cosas que no sabía, pero estaba cansado de que todo el mundo creyese saber lo que le convenía o no.

-“Entiendo que tenemos una conversación pendiente, Sebas, pero es para otro momento.”- Dijo Eu esperando apaciguar a su compañero.

-“Bueno, ahora entonces me toca a mí…”- Interrumpió Lucas apareciendo de la nada.

    Los tres se giraron a mirarlo. Seguir leyendo

Druidas II – Eusebio 8

    Los druidas sentaron al mago herido con la espalda apoyada en el tronco de un árbol cercano y que se hallaba fuera de los límites del escudo.

    Eu se marchó corriendo al huerto y volvió rápidamente. Chasqueó los dedos sobre el suelo y al apoyar la mano, un círculo de piedras apareció alrededor. Colocó un trípode dentro, de él colgaba un gancho que a su vez sujetaba una marmita, rezó algo en voz baja y una chispa prendió entre las piedras.

    Sebastián estaba perplejo, nunca había visto construir una fogata de una manera tan rápida.

    Otro rezo por parte del druida y la marmita estaba llena de agua, comenzó a echar plantas dentro y seguía mascullando entre dientes. Cuando paró y miró al muchacho, los ojos de Eu eran blancos como la leche, no existía rastro del iris ni de la pupila. Seguir leyendo

Druidas II – Eusebio 7

-“¿Bueno y qué te parece vivir en un nogal?”- Preguntó Eu.

-“De momento bien, aunque debería acostumbrarme a lo de la presencia inteligente en mí casa… Claro que estoy pensando en cómo se lo voy a explicar a mis padres…”- Respondió Sebas cabizbajo.

“Sospecho que eso no lo vas a tener que hacer.” Dijo Crisor entre dientes mientras Sebastián le rascaba detrás de las orejas.

-“¿Cómo sabes eso?”- Exclamó el muchacho.

-“¿Cómo sabe el qué?”- Preguntó Eu.

-“Que no tengo que decirles a mis padres que ahora vivo en un árbol en nuestra casa del campo.”-

(Bueno, seguro que es por el hechizo escudo que se ha creado.) Dijo Fam tan tranquila formándose de golpe frente a ellos. Seguir leyendo

Druidas II – Eusebio 6

    Las cuatro ninfas se pusieron al rededor de la mesa y captaron la atención de los dos humanos presentes.

‘Como sabéis, nosotras somos una extensión de la madre naturaleza, la forma mágica que tiene de hacerse real y somos capaces de sentir cosas que no pueden muchos otros seres. Bueno, pues La Tierra es un ser vivo y nosotros habitamos su cuerpo como los ácaros el de los humanos, para poneros un ejemplo.’

-“Vamos a ver Elia, ¿nos estás diciendo que este pedazo de roca que flota en el espacio tiene vida propia e inteligencia?”-

‘Sí Eu.’

[En realidad todos los planetas son inteligentes] Intervino Prul.

-Sí, pero debemos centrarnos en éste.- Imprecó Niri. -Lo que os vendría bien imaginar es un ser que no necesita respirar para vivir, que le gusta la soledad y lo único que necesita para subsistir es la energía de una estrella cercana.- Seguir leyendo

Druidas II – Eusebio 5

-“Tío debemos ver tú nueva casa, estoy impaciente por saber cómo han quedado las cosas por dentro.”- Comentó Eu como si tal cosa.

    Sebastián echó a correr en dirección a la entrada y volvía a estar cerrada, el porche se encontraba allí pero la puerta no. Empezó a pensar cómo era posible que las raíces fuesen tan planas en aquella zona y lo molesto que sería sentarse en un brote verde del banco, cuando su mano se aposentó en el tronco vivo del árbol que era su casa.

    Un escalofrío lo recorrió de arriba abajo, abrió los ojos y un mundo de color apareció en su mente. Podía verlo todo con otra mirada, los brotes del banco cayeron lánguidamente y resurgieron en el techado del porche con toda su vitalidad. Las ramas que lo cubrían tenían hojas y estaban vivas, pero la gran explosión verde se hallaba mucho más arriba.

    Sebas tuvo claro que tenía una casa inteligente. Una miríada de colores cayó en cascada sobre su cabeza, como si el nogal estuviese riendo. Le pidió permiso para entrar y la puerta se abrió tranquilamente. La casa estaba intacta, solamente que ahora era de madera viva y había asimilado los muebles, no así con los objetos, cosa que llamó la atención de los dos. Seguir leyendo

Druidas II – Eusebio 4

-“Los muebles de mi cocina nunca han sido de madera…”- Dijo atónito Sebas al girarse en redondo. -” Ya puestos, las ventanas tampoco…”-

-“¿Qué ha pasado aquí?”- Preguntó perplejo Eu. -“¡Estamos dentro de un árbol!”-

    La cara de Sebastián estaba desencajada, no entendía nada. ¿Cómo que estaban dentro de un árbol? Salió corriendo hacia la puerta y fue a salir cuando se dio de bruces con una pared de madera, ni marco, ni puerta, ni pomo.

    Acarició con una mano su frente dolorida y con la otra la zona donde debía estar la entrada, sin previo aviso una zona oscura empezó a marcarse muy deprisa en la pared. La puerta volvía a estar donde siempre pero sin forma de abrirla. Volvió a tocar en el mismo sitio esperando que el pomo resurgiese, a cambio la luz entró a borbotones cuando un trozo de árbol macizo se desgajó hacia fuera permitiéndole salir. Seguir leyendo

Druidas II – Eusebio 3

‘Hola, gente. ¿Necesitáis ayuda?’ Dijo Elia no muy convencida a los tres cuerpos despatarrados en la cocina de Sebas.

(Debería quemarlos un poco los orificios nasales a ver si despiertan, ¿verdad?) Contestó tranquilamente Fam jugando con una llama.

    Un temblor controlado sacudió a las tres figuras que estaban inconscientes. Una de ellas fue sustituida rápidamente por un charco de agua cristalina y desapareció absorbida por el suelo.

[Creo que Niri debe volver a su lago] Espetó de forma obvia Prul.

    Niri regresó a través del suelo y se puso al lado de sus hermanastras. Las cuatro ninfas se hallaban en la cocina de Sebastián sin saber muy bien lo que había ocurrido. Seguir leyendo

Druidas II – Eusebio 2

-“¿Eu, viste la luz de anoche?”- Preguntó Sebas mientras entraba en la cocina.

-“¡Cómo para no verla! Pero bueno, no conseguí averiguar de dónde venía y las plantas no paraban de gritar y de hacer ruidos muy raros.”-

    La cara de Sebastián estaba desencajada…

    ¿Las plantas gritan?

    ¿Hacen ruido?

    Eusebio vio la expresión del chaval y pensó que debía una explicación.

-“Igual que los animales hablan para ti, las plantas se comunican conmigo de muchas formas. Normalmente a través de los ojos proyectando colores, sin embargo ayer estaban muy agitadas y es en el único momento en que hacen ruidos.”- Satisfecho con su explicación siguió comiendo tranquilo.

-“Vale, ¿pero tú crees que era algo provocado por los humanos?”- Quiso saber Sebas.

-“¡No! Está claro que fue algo distinto, aunque las ninfas no me han dicho nada, su silencio las declara culpables de conocimiento y ocultación.”-

    Un chorro de agua le golpeó la nuca a Eu. Niri se había materializado en la pila y lo había pillado en el último comentario. Seguir leyendo

Druidas II – Eusebio 1

    Sebastián abrió los ojos muy asustado. Cada uno de los pelos de su nuca se habían crispado y su instinto de supervivencia le estaba gritando que huyera. Se levantó de la cama y corrió hacia la ventana. Una luz muy grande, alta y voluminosa se movía entre los árboles del bosque. Los animales estaban muy asustados y los podía sentir desde su casa.

    Sin ton ni son todas esas sensaciones urgentes desaparecieron. La oscuridad retomó su lugar y los animales volvieron a sus madrigueras. No entendía lo que había visto pero sabía que no era algo provocado por los humanos de la zona.

    Volvió a la cama y se estiró tranquilamente. Un suave calor le recorrió el cuerpo desde la pierna izquierda. Levantó las sábanas asustado y se encontró con una  ardilla muy grande enroscada en su cama. Sus ojillos lo miraban saltones y asustados. Seguir leyendo